Japón despliega sus primeros misiles de largo alcance frente a costas de China
Japón activa misiles de contraataque de largo alcance en dos bases terrestres, marcando un giro histórico en su política de defensa frente a China.
Japón activó este martes sus primeros misiles de contraataque de largo alcance en dos bases de la Fuerza Terrestre de Autodefensa (GSDF), en una decisión que marca un punto de inflexión en la política de seguridad del país asiático y que eleva las tensiones en la región del Indo-Pacífico, particularmente con China. El despliegue, confirmado por el Ministerio de Defensa japonés, incluye sistemas capaces de alcanzar objetivos a cientos de kilómetros de distancia, una capacidad que Tokio no había poseído desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Un cambio histórico en la doctrina de defensa japonesa
Durante más de siete décadas, Japón mantuvo una postura estrictamente defensiva, limitando sus capacidades militares a la protección del territorio nacional en caso de ataque directo. Sin embargo, el creciente poderío militar de China, las pruebas de misiles balísticos de Corea del Norte y la inestabilidad regional llevaron al gobierno del primer ministro a revisar de forma radical su estrategia de seguridad nacional en 2022.
La decisión de adquirir capacidades de contraataque, denominadas oficialmente "capacidades de defensa de contraataque", fue formalizada en la Estrategia de Seguridad Nacional actualizada en diciembre de 2022. El objetivo declarado es disuadir ataques mediante la posibilidad de golpear bases enemigas y plataformas de lanzamiento antes de que completen un ataque contra territorio japonés.
Los misiles desplegados incluyen el sistema HVGP (Hyper Velocity Gliding Projectile), un proyectil hipersónico desarrollado íntegramente por la industria de defensa japonesa. Este sistema, cuyas pruebas y entrenamiento fueron reportados desde noviembre de 2025, tiene la capacidad de maniobrar a velocidades hipersónicas, lo que dificulta significativamente su interceptación por parte de sistemas de defensa antimisiles convencionales.
Ubicación estratégica de las bases operativas
Las dos bases de la GSDF donde los misiles se encuentran operativos están posicionadas en puntos estratégicos del archipiélago japonés. Aunque las autoridades no han revelado la ubicación exacta de todas las instalaciones por razones de seguridad, informes previos indican que el despliegue prioriza las islas del suroeste de Japón, la cadena de islas Nansei, que se extiende desde Kyushu hasta las cercanías de Taiwán.
Esta ubicación no es casual. Las islas del suroeste japonés se encuentran frente a las costas orientales de China y en las inmediaciones del estrecho de Taiwán, uno de los puntos geopolíticos más sensibles del planeta. La proximidad geográfica permite que los misiles de largo alcance cubran un amplio radio operativo que incluye posiciones militares chinas en la costa continental y en el Mar de China Oriental.
Reacciones internacionales y tensión con Beijing
China ha expresado en múltiples ocasiones su rechazo al rearme japonés. Beijing considera que el despliegue de misiles ofensivos por parte de Japón viola el espíritu de la constitución pacifista japonesa y representa una amenaza directa a la estabilidad regional. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino ha instado a Tokio a "reflexionar sobre las lecciones de la historia" y a no socavar la confianza mutua en la región.
Por su parte, Estados Unidos, principal aliado militar de Japón, ha respaldado el fortalecimiento de las capacidades defensivas niponas. Washington ve en el rearme japonés un complemento a su propia presencia militar en el Pacífico occidental y un elemento clave en la estrategia de disuasión frente a China. La alianza bilateral incluye acuerdos de interoperabilidad que permitirían coordinar el uso de estos sistemas en un escenario de conflicto.
Corea del Sur, otro actor relevante en la región, ha observado el desarrollo con cautela. Si bien Seúl comparte preocupaciones sobre las amenazas de Corea del Norte, las relaciones históricas entre Japón y Corea del Sur añaden una capa de complejidad diplomática al rearme japonés.
Contexto regional y carrera armamentista
El despliegue japonés se produce en un contexto de creciente militarización del Indo-Pacífico. China ha expandido significativamente su arsenal naval y misilístico en la última década, construyendo bases en islas artificiales en el Mar de China Meridional y modernizando su fuerza nuclear. Corea del Norte continúa desarrollando misiles balísticos intercontinentales y armas nucleares, mientras que Taiwán refuerza sus defensas ante una posible invasión.
Japón planea invertir aproximadamente 43 billones de yenes (unos 315.000 millones de dólares) en defensa durante el período 2023-2027, lo que representa un aumento sin precedentes que duplica el presupuesto militar del país. Además de los misiles de contraataque, el plan incluye la adquisición de misiles Tomahawk de fabricación estadounidense, el desarrollo de drones de combate y la mejora de los sistemas de defensa cibernética.
Perspectiva y próximos pasos
Con los misiles de largo alcance ya operativos, la atención se centra ahora en la velocidad con la que Japón completará el despliegue en el resto de las ubicaciones previstas. Analistas de defensa señalan que el gobierno japonés tiene previsto ampliar la red de instalaciones misilísticas a lo largo de toda la cadena de islas Nansei durante los próximos dos años, consolidando un arco defensivo que cubriría desde el sur de Kyushu hasta Okinawa.
La comunidad internacional seguirá de cerca cómo este nuevo equilibrio de fuerzas afecta la dinámica de seguridad en el Pacífico occidental, una región donde las tensiones entre las grandes potencias no muestran señales de disminuir.